
|
Comité de Solidaridad de la SEGO |
|
Cooperación internacional e inmigración |


|
¿Por dónde empezar?
Ernesto Fabre Presidente del Comité de Solidaridad de la SEGO Presidente de la Asociación de Maternidades Españolas Solidarias
José María Carrera Secretario General del Comité de Solidaridad de la SEGO Chairman del Solidarity Committee de la World Association of Perinatal Medicine (WAPM)
|
|
Pues, por lo más evidente. Todos los años ocurren más de 500.000 muertes maternas en el mundo. La mayoría, 3 de cada 4, se podrían evitar con acciones que cuestan poco dinero. Así, por cada caso de mortalidad materna en España, fallecen 182 mujeres en Camerún, 200 en Nigeria ó 425 en Angola. A la vez, cada año más de 3 millones de niños nacen muertos, más de 4 millones fallecen dentro de los primeros 28 días de vida y más de 10 millones mueren antes de cumplir los cinco años. Es decir, vivimos en un mundo donde cada minuto una mujer pierde la vida por complicaciones del embarazo y el parto, en su gran mayoría estas muertes son evitables. La prueba de ello es que, mientras en amplias zonas desfavorecidas del mundo una mujer de cada 16 muere por esta causa, en las más desarrolladas sólo fallece una de cada 2800. Se estima que hasta 100.000 muertes maternas podrían evitarse cada año si aquellas mujeres que no desean tener un hijo dispusieran de métodos contraceptivos eficaces. Vivimos en un mundo donde el acceso de las mujeres a cuidados profesionales durante el embarazo ha aumentado un 20% durante la última década, pero donde todavía hay muchos países en que estos cuidados alcanzan solamente al 35% de las mujeres que los necesitan. Vivimos en un mundo, donde se mutila genitalmente a miles de niñas, se las obliga casarse con hombres que no quieren, y sufren violencia y a veces la muerte si se niegan. Donde muchas mujeres sufren maltrato y explotación sexual, y también coacción y violencia en el hogar. Un mundo donde la brecha entre los que tienen y los que no tienen no disminuye y, en ocasiones, tiende a agrandarse. El reto que tenemos por delante es evitar que esta brecha se siga ampliando. Antes bien, deberíamos reducirla. Las políticas de salud, de atención en salud y de investigación en salud deberían tener en cuanta esta realidad. La solidaridad en salud no debe ser retórica, debe ser práctica.
|


